01/02/2017
Este mes ha sido extraño en cuanto a tiempo se refiere, porque igual se me pasaba volando, que todo lo contrario.
La navidad deja muchos estragos, y es que es la época del año en la que más nos da por pensar. Pensamos en lo vivido, en la gente que nos rodea, en la familia y, sobretodo, en el amor. Personas con las que no tienes casi relación, aprovechas la ocasión para recordarles que sigues viva. Lo más probable es que te contesten de forma completamente normal, como si nada hubiera pasado, pero después de eso, vuelven a desaparecer. Reflexionas y te das cuenta de lo mucho que habéis compartido y a día de hoy ya no queda nada. Es curioso todo lo que puede pasar en un año...
Pero, por suerte, también aparecen personas que llegan para quedarse, esas son mis favoritas. Personas que siguen ahí aunque no sea diariamente, con las que puedes contar cuando lo necesites y, sinceramente, vivo enamorada de ese tipo de personas. Esa es una de las razones por las cuales creo que no busco el amor, yo ya lo he encontrado, pero no en una relación monógama. He encontrado el amor en la sonrisa de mis mejores amigas, en el sentirte valorada, en las tardes de cervezas hasta las tantas, en mi madre, en los polvos después del calentón, de esos que saben a muchas ganas, en los ciegos, en las locuras de noches de discotecas, en el echar de menos e incluso en el echar de más.
Y es que este es el mejor amor que existe para una persona como yo. No creo que esté emocionalmente preparada para supeditar mi vida a una persona en concreto y dejar de lado al resto o simplemente tener que compartirlo todo con alguien. Y suena un poco egoísta, lo sé, pero ya no es cuestión de egoísmo, sino de independencia, y eso es todo lo que necesito.
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